Vamos a hablar de La orquídea prohibida

1 de febrero de 2018

Uno de las ideas que tenía en mente cuando decidí retomar este blog era hablaros de mis traducciones. Echando un vistazo, he comprobado que la última que comenté fue la de Sigue soñando, Amber. Hace ya bastante tiempo que salió ese libro y después de él han llegado unos cuantos más, por lo que, a este respecto, tengo bastante material. Hoy os quiero hablar de una de mis traducciones preferidas, de un libro que me enamoró en cuanto lo empecé y que no dejó de sorprenderme hasta el mismísimo final: La orquídea prohibida, de Sharon Biggs Waller. Os dejo este enlace que os redirige a mi reseña del libro por si os apetece leerla.

No os voy a hablar de este libro únicamente porque sea una joyita, porque cuente la historia de una chica adelantada a su época que no quiere quedarse en casa y aspirar solo a casarse, sino que quiere salir y ver mundo, explorar y vivir mil aventuras; porque se desarrolle en tres lugares principalmente y los tres sean maravillosos y hasta exóticos; porque presente una historia de amor bonita, creíble y tierna; ni porque la protagonista sea simplemente perfecta. No, además quiero hablaros del libro porque quiero relacionarlo con un viaje que hice a finales del año pasado.

Los libros y viajar son mis dos grandes pasiones y, además, soy bastante friki, y cuando encuentro lugares especiales en novelas, no paro hasta descubrirlos en la vida real. Leí La orquídea prohibida hace un par de años y desde entonces he deseado ir a los jardines Kew, en Londres (bueno, en un pueblecito cercano a Londres). Dio la casualidad de que había visitado esa ciudad poco antes de descubrir el libro, por lo que no estaba en mis planes volver, pero tres años después sí, tres años después he tenido ocasión de regresar a Londres y de descubrir uno de los enclaves más importantes de La orquídea prohibida: Kew, y quiero compartir con vosotros algunas fotos de tan precioso lugar.


Esta foto tan bonita es de la Palm House, una especie de invernadero que está lleno de palmeras y que recuerdo haber investigado y requeteinvestigado mientras traducía el libro.


Kew es un jardín botánico enorme, no pude recorrerlo entero porque, además, tuve la mala suerte de que me llovió la mayor parte del tiempo, pero tiene lugares muy bonitos que sí pude ver. Incluso tiene un invernadero en el que una de las salas está dedicada a las orquídeas. No pude evitar sentirme un poco Elodie mientras recorría semejantes paisajes.

Como visitar Kew no es algo que se pueda hacer un día en el que una está aburrida si no vives cerca, sí recomiendo descubrirlo a través de La orquídea prohibida, que narra una historia preciosa.

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